La extrema derecha se quita la máscara

La extrema derecha se quita la máscara

¡No les dejemos ningún espacio!

CAT CAS

En los últimos meses hemos visto varios ejemplos de cómo la extrema derecha, y a veces neonazis en toda regla, se aprovechan de los miedos y preocupaciones de la gente para intentar ganarse un espacio, una audiencia y nuevos adeptos.

Queremos barrios seguros de verdad

Recientemente, en varios municipios, hemos visto movilizaciones vecinales contra “okupas”, a veces personas jóvenes migradas que no tienen ninguna otra opción excepto vivir en una fábrica abandonada u otro espacio similar. Las campañas mediáticas sobre la inseguridad en los barrios y contra la gente migrada se basan en mentiras, pero pueden provocar miedos reales. Es necesario que los ayuntamientos afectados, y el resto de las instituciones, combatan las mentiras y resuelvan cualquier problema real que surja.

Lejos de querer resolver estas situaciones, la extrema derecha les saca punta, convirtiendo protestas vecinales —confusas y a veces muy cuestionables— en auténticos pogromos racistas. Un conocido dirigente de VOX se ha visto frecuentemente agitando estas acciones, megáfono en mano, aplicando tácticas que debía aprender cuando lideraba un grupúsculo neonazi.

Queremos barrios seguros de verdad: barrios libres de odio, de violencia, de racismo, de pobreza, barrios con viviendas dignas, con trabajos dignos y con servicios sociales. En esto, la extrema derecha es parte del problema, no la solución. Llamamos a toda la gente diversa de nuestros barrios a promover la convivencia y la lucha unitaria por los derechos de todo el mundo, por barrios habitables para todo el mundo.

Protejámonos contra el coronavirus y contra el virus de la conspiranoía

Por otra parte, llevamos muchos meses bajo las medidas contra el virus, y se entiende la frustración. Pero debemos saber que la extrema derecha también intenta sacar rédito de esta situación. A lo largo del confinamiento hemos visto varias movilizaciones impulsadas por la extrema derecha, incluyendo a fascistas, contra el uso de las mascarillas. De una manera increíblemente hipócrita, los herederos de Franco intentan agitar la bandera de “la libertad” ante las medidas antivirus. Incluso en acciones convocadas por otros espacios, los fascistas han participado con impunidad, mostrando sus banderas, y en una protesta contra las mascarillas en Berlín, manifestantes neonazis atacaron la sede del parlamento.

Claro que puede haber críticas válidas respecto a ciertas decisiones de las autoridades. Un aspecto que nos preocupa son los casos detectados de racismo policial: han abusado de manera desproporcionada de los nuevos poderes otorgados en la crisis del virus para detener, multar e incluso atacar físicamente a personas negras y racializadas, así como a colectivos solidarios que se han autoorganizado dada la inexistencia de medidas urgentes para paliar la cobertura de las necesidades más básicas. Ante esto, hay que insistir en que la crisis no es una excusa para discriminar ni negar derechos humanos.

Más en general, se puede pensar que algunas de las medidas son incoherentes, o reflejan más preocupación por los factores económicos que por el bienestar de las personas. Esto forma parte del debate político, que es una parte esencial de la democracia.

Lo que no forma parte de la democracia son las teorías de la conspiración impulsadas por la extrema derecha. Éstas no sólo rechazan las mascarillas y mantienen que el virus no existe, sino que también incluyen elementos peligrosos para la salud democrática. El movimiento “QAnon” alega que hay un “cabal” (grupo secreto) internacional de pedófilos satánicos que dominan el mundo, que básicamente lo controlan todo: los políticos, los medios de comunicación, Hollywood… De hecho, reproducen muchos de los elementos de siempre de las visiones antisemitas.

Por otra parte, según el movimiento QAnon, surgido en EEUU, quien nos salvará de esta “conspiración de los poderosos” es el propio Trump. El movimiento se identifica con la letra Q, y frases codificadas como “Donde va uno, vamos todos” (WWG1WGA en sus siglas en inglés), o “Confía en el plan”. Esta última es una muestra de la suspensión de la racionalidad implícita en toda teoría de la conspiración; si no te convence, si te parece una locura, si lo desmienten, es porque te están lavando el cerebro, no te puedes fiar de la realidad. Y una vez suspendida la racionalidad, no hay ninguna defensa; se puede imponer cualquier tontería, desde acusar —contra toda evidencia— a unos jóvenes migrantes de los problemas sociales de un municipio, hasta amenazas de muerte contra individuos o colectivos, o asesinados reales como los que han llevado a cabo en EEUU.

Ahora y siempre, es necesaria la unidad

Ni la seguridad vecinal ni la situación con la Covid-19 se mejorará dando oxígeno a la extrema derecha. La situación es muy preocupante, pero la podemos y debemos cambiar.

Hay que fortalecer y extender la lucha unitaria contra el racismo y la extrema derecha.

Los ultras recurren a las teorías de la conspiración por un motivo muy sencillo. La gran mayoría de la población realmente sufriría bajo un sistema fascista, así que para ganar apoyo necesitan extender mentiras; no lo pueden hacer en base a argumentos lógicos.

Es un grave peligro, como vimos con las mentiras contra la gente judía en los años 20 y 30, pero se les puede detener.

Derrotamos al partido fascista Plataforma per Catalunya. Cerramos el centro neonazi Tramuntana. Podemos derrotar a VOX y al resto de la extrema derecha.

Hay que organizar de manera amplia y plural. Debemos denunciar a los fascistas y racistas, no dejarles ningún espacio. Debemos advertir a nuestras amistades, a la gente de nuestros barrios, a la gente de nuestro trabajo, para que no se dejen engañar por sus argumentos, sea cual sea el pretexto. Aislemos y echemos a los fascistas. ¡No pasarán!

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